
Salvador Hernández Hernández, Portavoz Municipal del GIAL
En las pasadas fiestas patronales se celebró en Carboneras la ya tradicional cena de hermandad que reúne a las personas mayores de nuestro pueblo. Nuestro ínclito alcalde, Cristóbal Fernández (PSOE), como nos tiene acostumbrados, no desaprovechó tal circunstancia para practicar demagogia política y demostrar sus malas artes. Cierto es que para ello lo mismo le da una boda, un funeral, que una cena de mayores.
Nuestro singular alcalde, sincero a carta cabal como es conocido por todo el pueblo y sobre todo por los Juzgados de la provincia, tuvo el Gran Acierto de dirigir una carta a los asistentes a esta cena. En dicha misiva habla de “sentido y sencillo homenaje, de la importancia de los mayores para el progreso y el crecimiento del pueblo, de que siempre estará con los homenajeados, etc, etc…”
A las bonitas frases que ilustran su carta de invitación nuestro alcalde siente siempre la necesidad de añadir algo más a su discurso y es, entonces, cuando se lanza como un poseso a descalificar y criticar a quienes como nosotros ejercemos oposición. A nuestro singular primer edil el discurso se le queda hueco, sin sentido, si no se sirve de alguien a quien calumniar. Es como si sintiera que no es él si no se empapa de un lenguaje soez y de mal gusto.
Nos dedica entonces varias perlas cultivadas, nunca empleadas hasta ahora en su selecto lenguaje.
Nos llama falsos y mentirosos, adjetivos becquerianos y sensuales, propio de persona amante de la Poesía Romántica. Sostiene además que hay personas a las que no nos importan las personas mayores y que queremos prescindir del merecido homenaje que se realiza a los mayores. Mira y señala siempre a la leal oposición. Termina diciendo que mientras él y su equipo de concejales estén en el gobierno mantendrá esta celebración.
Tengo que agradecer a los mayores que desde el día en que se celebró la cena de hermandad me han parado para comentarme y ponerme al tanto del bochornoso estilo del señor alcalde. Algunos, incluso, nos han facilitado las cartas para que leamos tan sustanciosa y arcaica misiva.
Sirvan estas líneas para levantar la voz de quienes sintieron vergüenza ajena y fueron testigos de los modos, formas y estilo empleados por el alcalde en un acto de estas características, alzándose a los altares y denostando a la oposición por su forma de hacer política.
A día de hoy todavía no nos han resuelto las dudas y denuncias públicas que planteamos en su día en relación a los 50.000 euros empleados en el pago de comidas y cenas que tuvieron como escenario el mismo establecimiento hostelero en el que volvió a celebrarse la cena de hermandad de mayores. No han aclarado nada.
Es un hecho incuestionable que la convivencia se cultiva respetando a los demás. Se ve que aún no lo ha asimilado nuestro respetado escritor de improperios. Nada nuevo nos aporta. Más bien nos reafirma en la creencia de que su discurso está agotado, es antiguo y se le está pasando el arroz.
Su misiva y discurso dedicado a la oposición no es más que otro intento por tapar y ocultar su mala gestión, el derroche y el descontrol al que están sometidas las arcas municipales. La verdad puede intentar eclipsarla, pero no la extingue. Si acaso la refuerza, pues si bien es cierto que había personas que no tenían conocimiento de los desmanes en las comidas del equipo de gobierno, con dicha carta inciden en la curiosidad de quienes ignoraban este descontrol.
A pesar de sus intentos, nuestro singular alcalde ha de saber que seguiremos desarrollando nuestro trabajo con dedicación y empeño en beneficio de Carboneras y su gente. Mal que le pese a nuestro alcalde y sienta tambalear el pedestal en que se encuentra, GIAL seguirá en su labor de oposición a la gestión municipal.