
Antonio Baena Pérez, Ingeniero Industrial y Economista y Residente en Carboneras
Cuentan los biógrafos del general Franco que a lo largo de los 40 años que estuvo rigiendo los destinos del sufrido y resignado pueblo español, tuvo sobre su mesa de despacho en el palacio del Pardo una carpeta con el título “ASUNTOS QUE EL TIEMPO RESOLVERÁ”, en la que guardaba celosamente aquellos que por resultarle incómodos o espinosos, aparcaba para que el implacable paso del tiempo los fuera reduciendo progresivamente a la nada.
Sin pretender establecer paralelismo personal alguno, el presidente de la Junta de Andalucía, Sr. Chaves, debe tener una carpeta con similar título y destino en la que ha archivado cuidadosamente el espinoso asunto del hotel del Algarrobico.
Ha transcurrido más de un mes desde que la empresa propietaria del hotel y del complejo turístico en proyecto del que forma parte, solicitara su intervención institucional para poder finalizar el hotel y reactivar el proyecto, y el silencio como respuesta es prueba irrefutable de la decisión adoptada: mantener el hotel y el proyecto en el pudridero con las peores consecuencias económicas, sociales y medioambientales para la zona.
Todo apuntaba a que la oportuna petición para reactivar el proyecto tuviera una respuesta positiva, pero al parecer las “razones” que justifican la paralización deben ser tan poderosas como reservadas. El persistente silencio de las tres Administraciones (Ministerio, Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Carboneras) así lo acredita.
Era la ocasión para el reconocimiento del principio de seguridad jurídica gravemente cuestionado. Era la oportunidad de reactivar el proyecto, pues si se justificaba hace más de cuatro años en el Plan de Desarrollo Sostenible de Cabo de Gata-Nijar (PDS) promovido por la Junta de Andalucía para el progreso y desarrollo de la zona a través del turismo, en la actualidad cobra una importancia vital para superar la grave crisis económica que esta padece.
Era la solución para dar fin a la situación enquistada en la que se encuentra la adquisición convenida del inmueble por parte del Ministerio y solución también para eludir una demolición-rehabilitación del terreno tan quimérica como onerosa para las arcas públicas. Era el reencuentro de las Instituciones gobernantes con el pueblo de Carboneras, tras el mensaje de descontento con las políticas realizadas en el territorio que sus ciudadanos emitieron en las pasadas elecciones. Era la materialización de la nueva apuesta medioambiental de la actual responsable ministerial que abandonando políticas inconsecuentes del pasado, apuesta ahora por el desarrollo sostenible del que este complejo turístico y el PDS que lo ampara es un singular ejemplo a imitar.
A todos estos argumentos se ha respondido con el silencio de las tres Administraciones, que al alimón han optado por el camino sin retorno de arruinar definitivamente el hotel, abortar el proyecto turístico y eludir los compromisos adquiridos con la población a través del PDS. Al final de este camino, cuando los tribunales resuelvan, procederá pagar entre todos lo que al parecer ahora no se puede: el justiprecio del inmueble, los terrenos y las infraestructuras realizadas, así como los daños y perjuicios que en derecho procedan incrementados a lo largo de la espera.
Quedarían por satisfacer las compensaciones comprometidas para el pueblo de Carboneras, asunto sobre el que significados representantes del partido gobernante han dado una pista definitiva con el anuncio de la ampliación del puerto de Carboneras para “Liderar el movimiento de graneles sólidos”. Tan eufemístico título anuncia un sensible incremento del almacenamiento y transporte de materiales en polvo de la industria cementera en Carboneras, que se verá potenciada con una segunda factoría de clinker, iniciativa que justifican como parte del “paquete de medidas económicas alternativas al proyecto turístico de El Algarrobico”.
Resultando ambos proyectos incompatibles, se deben aportar los estudios solventes para mostrar a la población que los beneficios aportados por esta potenciación industrial al menos igualan a los esperados de la industria turística, detalladamente explicitados en el PDS. No nos cabe duda que el impacto medioambiental añadido de este tipo de industria, tan cuestionado en otras latitudes, sobre el litoral, sobre el Parque Natural colindante y sobre el núcleo urbano distante unos cientos de metros, colmará las conciencias de los ecologistas de oficio que seguro lo prefieren al de cientos de turistas disfrutando del Parque Natural, dando progreso al pueblo.
El pueblo llano y sencillo, sufrido y resignado, no sabrá posiblemente nunca las razones del cambio ni la identidad de los que en la sombra alevosamente lo provocaron. Todo será un continuado y cómplice silencio.