
Los crímenes guardaban relación con este cuadro de Dalí
TELEPRENSA.- "Este tipejo ya fue investigado por asesinato en Francia, de hecho recibía el apodo de "el destripador latino" o "el mutilador de Perpignan". Googlead el nombre completo: ANDRÉS PALOMINO BARRIOS y un estremecimiento sacudirá vuestro cuerpo al pensar que ha podido ser el pediatra de vuestro hijo". El comentario dejado por un internauta en la información de la detención de Andrés Avelino P.B., tras hacerse pasar por pediatra, ponía a los medios sobre la pista de una realidad desconocida en la provincia: el detenido había ejercido como pediatra en Francia, por lo que fue expulsado del país, y fue detenido acusado de cometer tres asesinatos en serie, aunque posteriormente fue dejado en libertad, tal y como publicó el diario inglés The Guardian en 2000.
El periódico británico recoge como "por un tiempo, la policía tuvo un sospechoso que era demasiado bueno para ser verdad", para los asesinatos de Tatiana Andujar (17 años) y Moktharua Chaib (19), aunque la posterior aparición de Maria Heléne Gonzalèz (22), cometido mientras Palomino se encontraba en prisión, lo descartaría como autor de los mismos.
Posteriormente, se cometería un cuarto asesinato, el de Fatima Idrahou, con unas características similares a los anteriores y por el que fue detenido Marc Delpech, que se declaró culpable únicamente de este crimen, dejando abierta la duda sobre la autoría de los tres primeros.
"Homosexual vacilante", "excéntrico", son algunos de los calificativos que The Guardian da a Palomino, un hombre que "fue pateado de media docena de hospitales en el sureste de Francia, prohibiéndole que ejerciese en adelante", por un curioso "récord": residencia ilegal, tráfico de pasaportes robados, robo de equipamiento médico (estetoscopios e instrumentos quirúrgicos"… Palomino vivía a 274,32 metros del lugar en el murió Chaib, las inmediaciones de la estación de Perpiñán, localidad en la que trabajaba como cirujano mientras se preparaba "para convertirse en carnicero, algo casi increíble".
Palomino-Barrios fue detenido y puesto bajo investigación formal por "asesinato y actos de barbarie". Pero había una pizca de pruebas forenses en su contra, ni sangre, ni huellas dactilares, ni semen. Los rastros de sangre en su ropa eran de un animal. La muerte de Gonzaléz fue el punto determinante para que quedase en libertad, tras permanecer en prisión entre diciembre de 1997 y junio de 1998; aunque los familiares y algunos investigadores continuaron pensando que había sido él el asesino.
Años antes, en 1996, ya había sido condenado por el Tribunal Constitucional de Narbona a 18 meses de prisión y 200.000 francos de multa por ejercer ilegalmente como médico y por ayudar a extranjeros ilegales a introducirse en Francia.
La historia, dicen algunos, es un círculo que siempre se repite.