
Javier Salvador, teleprensa.es
Y no es una broma, es lo que ha pagado una de las muchas personas que en estos días, por uno u otro motivo, han tenido que hacer un viaje no previsto a Madrid y en este caso por una cuestión de trabajo. Es decir, no perder uno de esos clientes que junto a otros mantienen una empresa de la que viven ocho personas de forma directa.
No hay tren que tenga un horario competitivo, quitaron el coche cama y el de alta velocidad hasta el año 2015 no estará operativo.
Por carretera tienes dos opciones, tirar hacia Granada y comerte unas cinco horas de coche o evitar Despeñaperros y hacerlo por Albacete tardando una media hora más, pero en verano el calor puede hacer insoportable el trayecto y el riesgo de un accidente es importante, aunque respetes los límites de velocidad, porque nunca sabes lo que lleva en la cabeza ese otro que va al volante del coche que viene por detrás haciendo el animal.
Así, una de las pocas opciones que tenemos los almerienses es el avión, uno que cuesta más de 500 euros si compras un billete de ida y vuelta para el mismo día y tienes la desgracia de sacarlo con unos dos o tres días de antelación.
Ahora si quieren hablamos de por qué el turismo en Almería es algo que no termina de convertirse en ese gran eje de nuestra economía, pero igual es más importante centrarnos en por qué es más importante una línea aérea con Sevilla, que además será cara, que conseguir de una vez por todas que Almería tenga unas conexiones con Madrid, Barcelona y hasta alguna que otra ciudad más lejana, con unos precios competitivos y unos horarios que permitan, además, ser competitivos a los profesionales que desarrollan su trabajo en esta provincia y que inevitablemente tienen que viajar a otros lugares de vez en cuando.
Almería cumple unos requisitos ideales para jugar una carta de gran importancia, la de atraer talentos que quieran desarrollar su labor profesional aquí, con unas condiciones de vida para ellos y sus familias que ningún otro lugar puede aportar.
No estamos masificados, los índices de criminalidad son aceptables y casi esa sensación de ciudad-pueblo es una ventaja frente a otros gigantes de hormigón desordenado como Málaga, pero el aeropuerto de Almería es una de las grandes barreras que tenemos en este sentido.
Esto afecta a esa captación de profesionales, a los propios estudiantes universitarios que podrían verse atraídos por una universidad que en poco tiempo está situada en la mitad de la tabla de las que existen en España y, sobre todo, para el PITA o parque tecnológico si es cierto que algún día se termina y las empresas siguen teniendo interés en instalarse en él.
Es cierto que una compañía aérea de bajo coste empieza ahora con vuelos baratos, de unos 50 euros, pero sólo tres días a la semana.
Y está bien, o más bien genial, pero esa igual no es la solución completa. Es más barato volar a Londres, Berlín o cualquier otra ciudad de la que partan los turoperadores que llegar a Madrid por avión y puestos a pensar, con el coste que tiene el aeropuerto, sus ampliaciones, mantenimiento y demás, para qué lo queremos si no cubre el mínimo que se le puede exigir, que es ofrecer un servicio de conexión con la capital a un precio que sea coherente y no un atraco a mano armada.
La otra gran pregunta es que si Iberia no es capaz de dar servicios según las expectativas de los ciudadanos, por qué dependen aún de esta compañía los servicios anexos del aeropuerto, como las mercancías y otros tantos que, por su coste, asustan a las compañías que tratan de venir aquí.
Ahora si quieren hablamos de grandes infraestructuras, de palacios de congresos o puertos deportivos en El Toyo, pero la raíz del problema es que en Almería aún no hemos solucionado los problemas básicos, los de cajón, y así es muy difícil subir ningún escalón, avanzar o mostrarnos como ejemplo de nada.