Viernes, 12 de Marzo 2010

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Violador y sin presunción

01-12-2009 09:40
Javier Salvador, teleprensa.es
Hace una semana nos llevábamos las manos a la cabeza con el caso de una niña que fue llevada a un centro de urgencias por el novio de su madre. A los pocos minutos el individuo fue detenido como presunto autor de las supuestas lesiones que presentaba la menor. Hace unos días nos volvíamos a llevar las manos a la cabeza porque el supuesto agresor era dejado en libertad, ya que la autopsia reveló que la menor no murió de lesiones provocadas por supuestas quemaduras de cigarrillos y otras torturas, sino que se cayó de un columpio y eso le causó lesiones no detectadas que a los pocos días le causaron la muerte.

A ese hombre se le linchó. Realmente nadie sabía lo que había en la investigación, posiblemente no se sabía nada más que las erróneas apreciaciones del personal médico que le atendió e instruyó el primer informe. Al supuesto agresor se le aplicó un protocolo y de ahí en adelante comienza un tortura que casi puede ser comparable con la de ese tipo que ha permanecido creo que diez años en prisión por una violación que no cometió, según demuestran las pruebas de ADN una década después. Ese otro hombre pide ahora al Estado diez millones de euros de compensación, porque como él dice ¿Quién le pone valor a diez años en la cárcel y señalado como un violador? Pues eso, a pagar y esconder la cabeza.

Lo más fácil en el caso de la niña fallecida es zumbarle a los medios de comunicación que cargaron contra el presunto agresor por ser verdaderos animales de bellota, pero salvo algunos insensatos, ningún medio cuenta nada si no tiene una fuente muy segura y de la que te puedas fiar. Luego están las filtraciones interesadas, esas que se producen para que se linche a alguien en concreto y, cuando se conoce la verdad y éste dista una barbaridad de lo dicho hasta ese momento, te llegan con eso de que la confidencialidad de la fuente es sagrada, que no le jodas, y todas esas cosas que se pueden imnaginar.

Cuando lanzamos teleprensa.es bajo el modelo de periódico digital, en enero de 2006, decidimos dos cosas fundamentales para generar una nueva imagen que permitiese devolver aquella sensación de que si lo decía el periódico tenía que ser verdad.
Por una parte, la base de la información debía ser una transcripción literal de toda información que llegase a nuestra redacción desde una fuente reconocida. Es decir, las noticias que aquí leen del PSOE, PP, PAL, IU y cualquier otro partido, son las noticias remitidas por sus gabinetes de prensa. Detrás de cada uno de ellos hay periodistas y que cuenten las cosas con mayor o menor objetividad es su problema, no el nuestro. Al igual que los partidos, las instituciones como consejerías, diputaciones, ayuntamientos o clubes deportivos y musicales, tienen la misma facilidad que los partidos. Es decir, ellos mandan y nosotros publicamos y así ayudamos a que esos periodistas que no trabajan en medios de comunicación se ganen la vida. Es un modelo distinto, pero es un modelo.

El sistema no es nuevo, lo copiamos de Estados Unidos, donde un gran editor reconocía en una entrevista que le hicieron en noviembre de 2005 que el 80% de las informaciones de su edición digital ya llegaban elaboradas desde los gabinetes de prensa y a sus redactores los utilizaban para dos cosas. Por una parte cubrían información directamente, más ágil, pero con la misma idea. Información pura y dura, algo así como la verdad en mayúsculas. Y por otro lado se les obligaba a escribir en opinión esas otras cosas que había que contar al lector pero que nadie se atrevía a decir, no había fuentes, pero eran cuestiones sobre la que es necesario opinar y ofrecer una hoja de ruta. Artículos de opinión donde cada uno decide lo que arriesga.

En Almería hay casos de sobra en los que te puedes lanzar a la piscina y de hecho se hace ¿por interés del ciudadano? Pues no, responde más a esa necesidad del lector de tener una historia sobre algo que ha ocurrido. Puede que aciertes y puede que no, y hasta puedes decidir ceñirte a lo dicho oficialmente y ser parco en tu exposición de los hechos, pero andas en terreno menos pantanoso.

¿Cuál es la solución? Pues nadie lo sabe, pero lo que sí somos capaces de entender todos es que la libertad es el derecho que más debe costar arrebatar a una persona y el último recurso a emplear por sus enormes consecuencias. Llegados hasta ahí necesitamos una reforma que sea capaz de obligar a todos a ser más responsables.

El periodista siempre publicará porque lo demanda su lector, pero un juez no debe permitir una detención, sobre todo si hay una investigación anterior, y mantener un secreto de sumario indefinido que alimente la especulación. Jueces, policía y demás tienen que entender que trabajan para una sociedad que demanda agilidad, que las cosas no se pueden hacer a su manera, sino a la que demanda la sociedad, el ciudadano, que es quien les paga el sueldo.

Una detención debe de estar tan clara que no dé miedo a nadie a abrir la puerta a la información, a la transparencia y así, si hay errores serán del sistema, pero de uno consensuadado y no de una doctora que se equivocó en un diagnóstico o de una jueza o juez abrumado por una presión social tan espectacular como la operación policial que provocó la información.

Para entender este asunto tenemos que ser lo suficientemente sinceros como para admitir que a la gente se la juzga dos veces. Una en el juzgado, pero mucho antes en los medios de comunicación y no por la información que se da, sino por el uso que cada lector hace de ella para generarse una opinión. A día de hoy, no tengo muy claro qué sentencia es más dura para el presunto delincuente, si la penal o la social.
Comentarios:
FRANCISCO A. dice:
Leída esta información y reflexión, Javier, me lleva a hacer el siguiente comentario, y como siempre sometido a otro mejor, sobre: “…necesitamos una reforma que sea capaz de obligar a todos a ser más responsables”. Pues bien, sabiendo que los servicios – unos necesarios y otros innecesarios - que son prestados por las Administraciones públicas, son sufragados con los impuestos que pagamos los ciudadanos y, sabiendo también, que todas las personas estamos sometidas a la LEY. El ser responsable, -como atributo personal para dar respuesta de nuestros actos- y sobre todo cuando se decide sobre personas, decisiones en las que siempre hay que tener presente lo establecido en el Art.18, punto 1, de nuestra Constitución que dice: “Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen”, así como, en el Art.24, punto 2 :”…y a la presunción de inocencia”. Cuando se incumpla la Ley por ciudadano o funcionario, le sea aplicada ésta por quienes tienen potestad, y los gastos sean abonados por la persona o personas infractoras y no por los contribuyentes. Evitemos la IMPUNIDAD. No es el Estado el que comete delito sino las personas, pues son ellas las que tienen que dar respuesta de sus actos y reponer el daño causado.
 
 
 
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