
Javier Salvador, teleprensa.es
La más que posible dimisión del concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Almería, que ha puesto sus cargos a disposición del alcalde de la ciudad, Luis Rogelio Rodríguez Comendador (PP), era previsible, natural y hasta esperada. Venzal es el único concejal con una carrera profesional forjada fuera de la política, el único capaz de sustituir al actual primer edil que cumplirá en breve su segunda legislatura, y eso de tener repuesto es para algunos una bendición mientras que para otros se trata de un hecho incómodo.
Venzal tenía tres opciones. La primera presidir la Diputación Provincial si el PP consigue ganar los dos diputados que le faltan. La segunda, ser candidato a la alcaldía y la tercera ocupar un puesto de salida en las pasadas elecciones europeas. La primera de las opciones le ha sido vetada por el deseo del alcalde de Roquetas de Mar, Gabriel Amat, de ser él quien opte al sillón presidencial si suena la flauta. La segunda obligaría a Luis Rogelio Rodríguez a desplazar a Juan José Matarí y a Rafael Hernando hacia el segundo y tercer puesto en las listas al Congreso de los Diputados, pero de los anteriores ninguno se arriesga a ser el número tres y Comendador no tiene poder para imponerse. Y la tercera ya pasó, Venzal fue en las listas europeas, pero de relleno, que en política es algo así como una clara demostración de las naves que tus compañeros de peso o supuesto peso están dispuestos a quemar por ti.
Pero uno de los orígenes de la marcha de Venzal, a quienes unos acusarán de cobarde por dejar a la ciudad en manos poco recomendables y otros de valiente por no querer participar en prácticas que no le contarías a tu padre, es el cáncer político del alcalde, es decir, el insaciable Francisco Amizián.
Este último personaje es aquel concejal al que detuvieron con una tasa de alcoholemia lo suficientemente alta como para privarle del placer de conducir durante un año. Según él mismo había tomado unas copillas en el cumpleaños de su esposa, pero la leche que se pegó contra otros coches aparcados en una calle de Roquetas no entendía de cumpleaños.
Amizián se ha convertido en el elemento distorsionador del equipo de Gobierno. Le encanta ese papel de hombre fuerte del alcalde, de negociador con personajes como José Alemán, actualmente en prisión por el caso Elsur y, sobre todo, le encanta su relación con las empresas que realizan obras en Almería.
Si miramos la carrera de uno y de otro, la de Amizián es enormemente básica. Asesor en la Diputación, concejal y punto y final. Venzal es abogado, heredero de un despacho de abogados de firma reconocida en el mundillo jurídico almeriense y, sobre todo, de una clase social y educación que poco, o nada, pega con las maneras del favorito del alcalde. Y se entiende como favorito al concejal de Obras Públicas porque si no fuese así, no se sostiene que no le obligase a dimitir cuando era responsable del área de deportes mientras se celebraban los Juegos Mediterráneos, momento en el que se produjo aquel accidente sin importancia para la concepción del PP que tiene Rodríguez Comendador. Predilección por ser su favorito o sentirse rehén de su creación, lo cierto es que la crisis en el gobierno local es un hecho, un secreto a voces y un cambio de panorama radical en el actual equipo del alcalde por el mero hecho de que poco más tiene de lo que tirar.
Pablo Venzal está en lugar equivocado y en el momento menos adecuado. El problema no es el PP, sino este PP de Almería a día de hoy, que hace chirriar la ideología de cientos de sus fieles, de esos que decían que eran de AP y luego del PP, cuando casi era pecado confesarse de derechas. Si Venzal sale ahora lo hace en el momento justo para liderar esa renovación que las bases piden a gritos. Quizás el ayuntamiento pierda un concejal, pero el PP podría ganar una alternativa real de futuro. Ahora le toca tomar la decisión de romper o verse implicado.