
Javier Salvador, teleprensa.es
Creo que no hay peor olor en una casa que el del brócoli cocido por la mañana, a primera hora, nada más levantarte. Es indescriptiblemente pesado, fuerte, nauseabundo, y puede que sea una verdura de enorme valor nutritivo, pero particularmente pienso que es una invención del diablo para castigar a niños y mayores haciendo uso de las madres. A eso, a brócoli cocido me huele ese repentino interés de la Autoridad Portuaria de Almería y el Ayuntamiento por el puerto ciudad, en el que no entiendo lo que puede pintar la Junta a estas alturas, cuando se sabe perfectamente que a falta de dos años para las elecciones no les va a dar tiempo a nada y se trata, como no podía ser de otra manera, de una cortina de humo electoralista.
Pero esta historia esconde algo más. El PSOE, aunque no será oficial en principio hasta después de la presidencia española de la UE o en enero si aceptan la medida de gracia pedida por el secretario de organización de los socialistas andaluces a Madrid, ya tiene candidato para la alcaldía de Almería. Se llama Antonio Cantón, es ingeniero de telecomunicaciones de carrera, pero empresario de profesión. Se trata de uno de esos almerienses que ha llegado a todo en el mundo de la empresa, alguien a quien ya no le hace falta trabajar pero que, llegado a ese punto en su vida, quiere construir ciudad y no empresas. Algo así como dejar huella, escribir una página importante en la historia de las calles en las que corrió de pequeño. Nació en la calle Unión, en el casco viejo.
Cantón cuenta con el apoyo ya cerrado de Madrid, Griñán y Almería, y lo que más asusta al PP es que se trata del mejor candidato que ellos mismos habrían querido para sus listas.
Pero no todo empresario es de derechas. Cantón procede de una familia humilde y se curró la carrera que le lanzó con becas y trabajos en tiempos de estudiante. El resto le vino rodado porque, sencillamente, es un tipo brillante, de esos de los que se habla en las escuelas de negocios.
Uno de los proyectos de Cantón, el más importante según por donde se mire, es devolver el puerto a la ciudad y hace suya una idea de la que ya se ha escrito en numerosas ocasiones. El puerto de Almería, con su nuevo muelle de Pechina terminado, que pese a los miles de millones que ha costado es sólo un enorme solar asfaltado junto al mar, tiene espacio suficiente para trasladar allí todo el tráfico de pasajeros que mueve Almería en una y siete operaciones salida. También hay espacio suficiente para llevarse el tráfico de mercancías, pero Cantón entiende que si el puerto seco, el centro de mercancías del ferrocarril, será ubicado en la comarca de Níjar, lo más razonable es que el de mercancías marítimas sea Carboneras. Así, le quitas tráfico rodado a Almería y no le metes un tren por medio de la ciudad hasta el puerto.
Con ese diseño, lo que hoy vemos como puerto sería la dársena de la ciudad. Amarres para embarcaciones deportivas, cientos de amarres y que el Club de Mar se quede para sus socios. Centros deportivos y de ocio para escuelas de vela o remo con una dársena practicable sin necesidad de salir a bahía como nos demostró la Ishares Cup, y centros comerciales, aparcamientos, bares, restaurantes y todo ese tipo de negocios que reactivan una ciudad y son capaces de generar miles de puestos de trabajo. Lo importante no es que el suelo sea del Estado o del Ayuntamiento, sino que el proyecto salga adelante y que la ciudad recupere ese espacio y se convierta en su pulmón económico.
Que Trinidad Cabeo, presidenta de la Autoridad Portuaria por designación directa, hable ahora del puerto ciudad, suena a coña o jugada promovida por su antecesor. Pero que el alcalde de Almería, Luis Rogelio Rodríguez, alias el parches, porque sólo arregla baches y no acomete las grandes obras de la ciudad,- es mejor tener el dinero a plazo fijo en La Caixa-, suena a burla.
Lo mejor de todo es que el tiempo lo demuestra todo y pone a cada uno en su lugar más pronto que tarde y sin pensármelo dos veces me apuesto lo que quieran a que de aquí a dos años en Almería no hay soterramiento, ni puerto ciudad, ni palacio de congresos. No habrá nada que no salga del Plan E, como los arreglos en el centro y barrios de la ciudad, que los paga el Gobierno central, el Gobierno de Zapatero.
Si hoy tocase hablar de valores sería un buen momento para hablar de la decencia, porque es todo lo contrario a lo que se viene demostrando en estos tiempos políticos que vive Almería.