
Javier Salvador, teleprensa.es
Hace unos días un amigo me contaba una anécdota tristemente graciosa. Hacía unas semanas su compadre había participado en una reunión entre un ente, entidad o como queramos llamarlo, de representación empresarial con él, un alto cargo de la administración. Una de las peticiones de esos empresarios era que ese jefe político interviniese para que las dependencias que dependen de él agilicen los pagos de facturas pendientes, “hay meses que no podemos pagar a los trabajadores por la cantidad de dinero que nos deben…” tal o cual administración.
No mucho tiempo después mi amigo y su compadre quedan a cenar un día con sus familias y éste, el político, le cuenta la historia. Mi amigo le dice “no seas maricón, ayuda un poco que la cosa está muy mal y los bancos no adelantan ni el papel higiénico”, hay que reconocer que es un poco bruto pero yo lo repito textualmente. No sé si el otro tomó conciencia o no, ahí quedó la cosa, el uno le cuenta una preocupación y el otro le pide que ayude a sus colegas empresarios sin ser representante de nada.
Mi amigo es empresario y le presta servicios, entre otros, a uno de esos representantes que se sentaron frente a su compadre. El individuo en cuestión le debe un montón de pasta a mi amigo, la última factura lleva seis meses en la nevera y mira por donde, las cosas de la informática, hace unos días recibe su felicitación de navidad: Te deseo una feliz navidad, bla, bla, bla.
Mi amigo, ya he dicho que es muy bruto, le contesta al empresario en cuestión “… Y yo deseo que pagues mejor, por lo menos con la misma celeridad que le pides a la administración que te pague a ti aprovechando tu cargo en la …., aunque veo no practicas con el ejemplo”.
¿Hablamos de crisis?
Es gracioso, o tristemente gracioso, ver a determinados gurús hablando de soluciones, tendencias y visiones de futuro cuando lo peor no está en las administraciones, sino entre nosotros mismos.
El desparpajo con el que la gente deja de pagar sus facturas o las retrasa indefinidamente con el hábil dicho de “que se joda el que viene detrás” empieza a ser más que preocupante. Nadie quiere pagar antes de 60 días a fecha factura y eso hace que la pelota pase de unos a otros, porque si tú tienes que financiar al que te compra, alguien te tiene que financiar a ti y como no hay bancos, al final paga el trabajador como último mono de la cadena de valor. Y ya está bien.
Tampoco es de extrañar que esto se generalice, cuando el presidente de la patronal española Gerardo Díaz Ferrán,- imputado por delitos de desvío de fondos públicos, delito fiscal y estafa procesal-, se ha convertido en un ejemplo que no es muy recomendable seguir, es más, no se pide su dimisión porque muchos de los que juegan a ser estrellas del firmamento empresarial están más o menos en la misma situación. Dicho de otra forma, que a ellos no les falta para un viaje al Caribe, pero sus trabajadores no cobran hace meses.
Por todo ello hay un momento en esta vida en el que toca redefinir el concepto de empresario, y los valores que deben reconocerse en cualquiera que aspire a representar al colectivo antes de dar lecciones a nadie sobre economía, hablar de las empresas, sus necesidades y todas esas cosas que se hacen con la misma facilidad con la que se insulta al árbitro en un partido de fútbol.
Es más, empieza a ser urgente que entre todos los que no suelen participar en ese tipo de vida pública empiecen a buscar entre sus amigos a los buenos, a los empresarios cumplidores, esos que no deben, a los que pagan y han superado lo que llevamos hasta ahora de la crisis con dinero generado y no el que han dejado de pagar a otros, porque si es cierto que hay brotes verdes, lo que no podemos es mantener en el jardín a los mismos jardineros que dejaron secar el vergel.