
Javier Salvador, teleprensa.es
Alguien dijo que el mejor medio para asegurar nuestra futura felicidad es ser ahora lo más felices que honradamente podamos ser. Y la pregunta es si tendremos una feliz Navidad o eso nos preguntamos cada vez que con la mejor voluntad un amigo te desea lo mejor para estos días.
Afrontamos el final del año con la sensación de que no estamos viviendo, sino sobreviviendo, en una situación que se nos escapa de las manos, víctimas de un entorno inestable, sin horizonte claro y con una realidad, 2010, rodeada de las mismas dificultades pasadas en 2009 y que se verán agravadas por la inactividad personal del pasado ejercicio.
Nuestra realidad no son las dificultades que tienen que venir, sino aquello que no hemos hecho para evitarlas cuando lleguen. La debilidad de los pilares con los que intentamos construir un nuevo modelo del que nadie quiere hablar, porque en cierta medida significa dar un paso atrás en los logros obtenidos hasta ahora, es terriblemente preocupante porque todos pensamos que las soluciones tienen que llegar de los estados, de los gobiernos, pero nos equivocamos.
Hemos olvidado que los gobiernos y los estados los formamos nosotros y somos nosotros, de manera individual, los que debemos aportar nuestras propias soluciones que, en su conjunto, configurarán la solución global.
Durante años hemos construido una realidad endeble y peligrosa, tanto que una reacción en cadena ha dejado a millones de personas sin trabajo en todo el mundo. El pobre es igual de pobre, pero ahora hay más individuos que comparten su estatus. Y esa es la primera prueba de ese paso hacia atrás que hemos dado y no queremos asumir.
Feliz Navidad ¿Podemos ser felices en unas determinadas fechas cuando no lo hemos sido en los últimos meses? Y la respuesta es sí. Rotundamente sí.
Si en estas fechas, en casa, con los tuyos, descubres que no evoluciona tu situación o empeora, las opciones son claras. Quedarse quieto y no hacer nada, esperando que la última ola te lleve consigo, o reaccionar y tomar tu mismo la iniciativa.
Es difícil llegar a creer que un cambio de actitud puede mejorar tu forma de vida, pero al mismo tiempo es estúpido pensar que la tristeza o el desánimo generará oportunidades.
Durante años lo hemos pasado bien en nuestras empresas, en nuestros trabajos. Llegamos a dedicar tiempo a pensar diariamente en qué podíamos hacer nosotros por mejorar aún más esa situación y se planteaban iniciativas con valentía, ilusión, aceptando el fracaso como un riesgo, no como una derrota definitiva. Viajábamos a mercados en la otra parte del mundo sin tener idea de idiomas o buscábamos un puesto de trabajo a mil kilómetros de distancia de nuestra casa.
La situación es distinta, sí, pero las personas somos las mismas. Se hizo una vez y se puede volver a hacer , y por eso hay esperanza, por ello sí es posible pensar que esta Navidad será una feliz Navidad, porque sólo depende de ti.