
Javier Salvador, teleprensa.es
Los nervios están tan a flor de piel que la complicada situación social, derivada de la difícil situación económica de la que algunos empiezan a salir, toma unos derroteros preocupantes en los que a nadie le falta razón, aunque escasea el sentido común.
Hace unos días en una conversación entre distintas personas que hablan de economía, de su repercusión y política, un cóctel demasiado fuerte para mi gusto, uno de los participantes lanzaba una reflexión de las que crean escuela cuando se buscaba un culpable de la crisis y un posible solucionador. La cosa iba ya entre Zapatero y Rajoy cuando uno de los participantes le preguntó a su amigo que cuántos hijos tiene en el paro.
El que defendía la postura más conservadora le respondió que tres de los cincos que tiene. Y el demócrata se tiró a la piscina “… y quién ha puesto a tus hijos en la calle, la crisis o el empresario que los tenía contratados y que esta navidad también ha comido angulas. Pero te digo más, a quién a vota ese empresario, a la derecha o a la izquierda… te lo digo yo, a la derecha ¿Y me dices que el partido de los empresarios que han puesto a cuatro millones de criaturas en el paro es la solución para salir de la crisis?”
Bien, se trata de una conversación de bar, puede que con dos vinos de más, pero es una muestra de la radicalización de las posturas a las que se están llegando.
Pero, además, no se trata de algo anecdótico. Según la última encuesta del CIS el tercer asunto que más toca las pelotas a los españoles, -aunque ellos le llaman inquietud-, es la clase política y los partidos, cosa a tener en cuenta de ahora en adelante.
Con esta situación 2010 va a ser toda una prueba de fuego. Hasta ahora, los que han llegado más o menos equilibrados a final de año son unos valientes, pero ya se habla de que los que sobrevivan al curso económico que empezamos ahora serán unos verdaderos héroes en enero de 2011.
Pero de verdad, ¿alguien se cree realmente que el tejido económico se va a al carajo? La realidad va a ser muy distinta, sí hasta ahí estamos todos de acuerdo y será complicado, pero es ahora cuando toca innovar y crecer por méritos propios y no llevados por la corriente del cemento.
Cuando hablamos de innovar tenemos que quitarnos de la cabeza los edificios plagados con chicos de bastas blancas con sueldos de becarios, trabajando para empresas generosamente subvencionadas pero de dudosa rentabilidad real. Olvidémonos de los parques tecnológicos que parecen parques de atracciones y de las soluciones mágicas que deben llegar de terceros, porque no habrá más camino del éxito que aquel que uno mismo se trace.
Innovar, esa es la cuestión. Pero no hablemos de innovación en términos políticos o subvencionables, sino con sentido común. Esas ideas que abaratan nuestros procesos, que nos llevan a estar más cerca de los clientes y de los nuevos consumidores. Seamos por una vez globales y mostremos sin vergüenza alguna todo aquello que sabemos hacer o tenemos para vender, sin esperar la solución en los mismos clientes de hace uno o tres años, sin ceñirnos a un marco geográfico concreto.
La crisis nos ha llevado a desechar muchos modelos que, vistos desde el retrovisor, nos permiten convencernos de que eran innecesarios. 2010 no es un año de crisis, es un año de mercado absolutamente nuevo, por descubrir, en el que triunfarán aquellos que estén dispuestos a tirar el pañuelo de los llantos y dejarse de buscar culpables entre políticos que ni te dan ni te quitan en el mes a mes, en eso que necesitas para vivir.
Pensar, decidir y actuar. Hay miles de fórmulas, ejemplos que copiar. Hay países en los que más de un 30% de las pymes tiene su centro de trabajo en la casa del empresario, cuenta con teletrabajadores y dejan las pijioficinas para tiempos mejores.
Le mejores ideas de los últimos 100 años salieron de cocheras desordenadas y no de áticos decorados como casas de citas.