
Javier Salvador, teleprensa.es
Hace unos días recibí un correo de una amiga en el que me explicaba una situación que ella entiende como complicada y me preguntaba mi opinión. Unos días antes otro amigo me mandó un correo con felicitaciones de año nuevo, y todo eso, en el que se descojonaba de la misma situación y poco a poco ese asunto ha tomado cuerpo pese a no ser especialmente importante para los medios de comunicación, pues muchos conocidos y lectores preguntan sobre lo mismo.
A la primera persona a la que hacía referencia le preocupaba que la Cámara de Comercio consiguiese que el Ayuntamiento de Almería dejase de prestar locales gratis a todo aquel que organizase alguna actividad, convención o reunión que pudiese ayudar a la promoción turística de la ciudad. Para ella, que aún no sabe muy bien a qué se dedica la institución cameral, eso del Comercio Exterior, la Formación y la Información como tres ejes fundamentales de sus funciones, no es más que una tomadura de pelo por parte del que suscribe en el correo de respuesta que le envié. Ella aboga firmemente para que se retire la cuota obligatoria que paga. Mi amiga tiene un comercio, heredado de sus padres, y de vez en cuando pilla algo de esos congresos o grupos que vienen a Almería y que dicen que obtienen gratis el local por cesión municipal.
A la Cámara de Comercio, que tiene un palacio de congresos, la historia le molesta bastante, porque tienen que amortizarlo y la Expo Agro ayuda, pero no es la gallina de los huevos de oro.
Por otro lado, hablarle a la institución empresarial de un palacio de congresos en Almería, aunque lo diseñase Norman Foster, es como darle una patada ahí, donde más duele.
La otra persona que me hablaba de lo mismo, esa que se descojonaba de la situación, creía que un enfrentamiento entre ambos, Ayuntamiento y Cámara, no era más que un montaje para que Javier Arenas tuviese una oportunidad más de hacerse una foto conciliadora y de amplias sonrisas. Me aseguraba que la sangre no llegaría al río entre ambos gallos por mucho que recordemos ese proverbio francés que decía que el amor hace mucho, pero el dinero lo puede todo.
Pero la situación es complicada, mucho más de lo que puedan pensar aquellos que definirían el papel de la Cámara como Descartes lo hizo con la inutilidad: el no ser útil a nadie es lo mismo realmente que no valer nada.
La institución, lo crean o no, es de todos pues todos pagan por ella. Cualquiera puede presentarse a su presidencia y que esté en manos o no de grupos de poder determinados o que así lo crea la gente, no es culpa más que de aquellos que pagan y no hacen uso de sus derechos. Lo cierto es que la Cámara invirtió en un Palacio de Congresos y Exposiciones y lo ubicó en Aguadulce porque allí le cedieron el suelo.
Ahora bien, pretender que todos pasen por el aro es un poco maniqueista como diría un amigo mío, porque no hay blancos o negros, bien o mal. En este caso el Ayuntamiento de Almería obra bien, porque tiene que potenciar su comercio, bares, hoteles y empresas de servicios.
Por otro lado comparto la preocupación de la Cámara, porque esa inversión la hicieron para ayudar a esos mismos comercios, bares, hoteles y empresas de servicios, sólo que ellos no saben, no tienen ni idea, de que ese fue el fin y que se trabaja para ellos. Es más, apenas diferencian entre Cámara y Asempal y si preguntas es peor, porque creen que la primera es de perfil político.
Mi amiga, la asustada, cree que si la Cámara le pide al Ayuntamiento que corte el grifo, como entienden que ambos son más que amigos, éstos se harán la foto y le joderán a ella, que es más o menos lo que venía a decir el que se descojonaba de la situación.
Pero igual hay otra solución. Si hablan todos, unos y otros entran en razón, puede que empecemos a dejar de pensar que aquello es Aguadulce y que esto es la capital, para trabajar sólo en una dirección que se llame Almería. Puede incluso que fuese un error que Palacio de Congresos y de Exposiciones se hiciesen juntos y en el mismo lugar, y hasta es debatible que el lugar no sea el más adecuado. Lo que está claro es que no se puede vivir de espaldas al palacio que hay pensando hacer uno nuevo, ni creer que porque ya existe uno no hay más alternativas.
Las hay, muchas, eficaces y rápidas, sólo hay que utilizar la cabeza para algo más que sonreír y salir guapos en las fotos.