
Antonio Cobo, sacerdote
Acabo de aterrizar de un viaje a Israel y Palestina. Ha sido una experiencia inolvidable. He podido ver con mis propios ojos los lugares en los que se han dado los hechos más importantes de la Historia: el nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección del Personaje que ha marcado tan decisivamente la Historia de la Humanidad, Jesucristo.
Cuando leo o escucho las opiniones de tanta gente sobre temas variados como, ciencia, política, religión, economía…cada vez me doy más cuenta de lo cierto que es aquel refrán que dice: “la ignorancia es muy atrevida”.
Para hablar de cualquier tema habría que saber de lo que se habla, no vale hablar por hablar, no basta con repetir lo que todo el mundo dice, o lo que a mí se me ocurre; hay que conocer, estudiar, preguntar, incluso viajar más, para poder hablar con propiedad de algo.
Para hablar de Jesucristo, de la importancia de su mensaje, de su divinidad, de su vida, hay que estudiar, leer, preguntar, incluso viajar a su tierra, recorrer sus pasos para descubrir que estamos delante de Alguien fuera de lo común.
Me ha impresionado mucho conocer el lago de Tiberiades. He pasado bastantes ratos en sus orillas rezando y pensando lo impresionante que resulta que el Cristianismo empezara allí, con un puñado de “pescadores de lago”, gente de pueblo y los últimos de aquella sociedad.
Es muy fuerte que este grupo de hombres dóciles a la voz, novedosa y ungida de autoridad, de aquel Artesano nazareno hayan transformado la Humanidad.
La persona y el mensaje de Jesucristo han cambiado y siguen cambiando, para bien, la vida de miles de millones de mujeres y hombres de nuestro planeta.
Seguir sus enseñanzas y su ejemplo de vida, es tan benéfico para la humanidad que los datos cantan. ¿Qué sería de Europa, América, África, Asia y Oceanía, sin Jesucristo?
Jesucristo nos ha enseñado a adoptar una actitud esperanzada ante la muerte, como puerta de entrada en la vida eterna, nos ha enseñado el modo de vivir la relación con los demás como servicio, nos ha enseñado a tratar con la misma dignidad a todos: a las mujeres (en una sociedad que era radicalmente machista), a los extranjeros, a los pecadores públicos, a los enfermos marginales, a los poderosos de su tiempo.
Nos ha enseñado a vivir una espiritualidad de trabajadores, que haciendo bien su trabajo dan gloria a Dios y dan un maravilloso servicio a sus conciudadanos. Enseñándonos que se puede ser muy divino siendo muy humano, teniendo el corazón en el cielo, unidos a Dios, y los pies en el suelo muy pendientes de las necesidades del prójimo.
Nos ha enseñado ha vivir el verdadero laicismo, que consiste en poner a cada uno en su sitio. A Dios en el lugar de Dios y al Cesar en el lugar del Cesar, dándole a Dios la importancia de Dios y al Cesar la que tiene como Cesar.
Es tan profundo su magisterio y tan atrayente su modo de vida, que aunque solo fuera por mero enriquecimiento cultural y humano, sería recomendable que todo el mundo estudiara a fondo en los colegios y universidades, la vida y mensaje de Jesucristo.
Por eso, a los que aspiráis en la vida a algo más que una buena jubilación, sea anticipada o retrasada, os invito a conocer personalmente más y mejor a Jesucristo. Su vida y milagros están escritos en todos los idiomas conocidos en la tierra.
De cada cien expertos consultados, los cien, recomiendan la lectura serena y saboreada de 5 minutos diarios del “Evangelio”, palabra griega que significa “Buena Noticia”.
Este hábito diario, mejora el nivel de vida intelectual, espiritual, social, laboral y familiar. Porque para ver y oír malas noticias ya tenemos toda clase de facilidades.