
Antonio Grijalba, periodista
No es normal que una rueda de prensa se vuelve contra quien la da y varios medios locales coincidan, como reyes magos en conciliábulo, en poner al Colegio de Arquitectos en la picota, por su visión crítica del soterramiento ferroviario que pretende imponernos Fomento. No se sostiene la acusación de llegar tarde al debate, pues las hemerotecas revelan que la postura colegial era conocida desde hace bastantes meses.
Una postura que coincide con la expresada reiteradamente por la sociedad civil, a través de la Plataforma Ciudadana: SOTERRAMIENTO INTEGRAL HASTA EL PUERTO. Tras casi una década de reivindicación, se esperaba del Ministerio una propuesta que respondiese a las necesidades de la ciudad, no al lucimiento de un proyectista que encarece en 144 millones el presupuesto.
En la presentación, el subsecretario dejó claro que no es un ofrecimiento sino un trágala, bajo amenaza de abandonar y llevarse la inversión a otra parte. Y con eso se tapa la boca del Ayuntamiento, temeroso de cargar con la culpa del empleo que se podría perder años después. O resignado a que, gobierne quien gobierne aquí o en Moncloa (ya hemos tenido de todos los colores), se hará la santa voluntad del Adif.
Con el pretexto de no enturbiar con debates partidistas un tema de interés general, nuestra inmerecida clase política sella un pacto de silencio para hurtar el debate a los ciudadanos. El Colegio tiene la valentía de rebelarse contra ese conformismo y de inmediato, como cabía esperar de la formidable maquinaria propagandística, llueven los reproches de fuerzas políticas, voceros e intoxicados.
¿Qué ha dicho el decano Hidalgo para merecer esta carrera de baquetas? Lo que cualquier ciudadano piensa y ningún colectivo se atreve a decir: Que el rey está desnudo y para ese viaje no necesitamos alforjas.
Se dice que lo mejor es enemigo de lo bueno, pero éste no es el caso: Nos ofrecen un mal estudio informativo (ni siquiera proyecto) que podría dejar el futuro de la ciudad hipotecado para los restos.
Lo peor de un hangar de 700 metros no es el estorbo visual sino que seguiría dividiendo sectores importantes de la ciudad central. No basta insertar pasarelas (con escalera) mientras los vehículos, forzados a rodear la Estación, siguen alimentando el colapso de las Almadrabillas y avenida Mediterráneo. Y cuestión fundamental, tras dos legislaturas no es de recibo venir con un semi-soterramiento que no llega al Puerto.
Con gran dosis de realismo, la directiva colegial sugiere varias alternativas entre "herrar o quitar el banco". Es decir, si no van a soterrar en toda su extensión, eliminen al menos el obstáculo urbano. Sabido es que las líneas de alta velocidad van a coincidir en el llano de Alhadra, entre Puche y Torrecárdenas, un lugar todavía intacto, que permitiría edificar la nueva estación sin limitaciones arquitectónicas o urbanísticas.
¿Supone eso renunciar a las ventajas de la Estación actual, céntrica y accesible? De ningún modo. Se plantea conectar ambas estaciones, sea con la línea tranviaria en estudio o con un Metro, aprovechando el ramal subterráneo al Puerto, que debería venir recogido en el proyecto constructivo. Mas si el ramal no se incluye - porque alguien quiere que nos coja el toro - habrá que considerar un escenario extremo:
Olvidarse del desarrollo portuario (cuando se acaba de licitar el dique exterior por 28 millones) y trasladar las mercancías a otra instalación comercial en auge, como Carboneras. Puede que, con su modelo de soterramiento, Adif haya planteado una apuesta imposible de aceptar, para que Almería renuncie a tener estación céntrica bajo rasante, y ahorrarse los 100 millones del soterramiento con el traslado a las afueras.
En cualquier caso el Ministerio siempre gana, pues gestiona los encargos y, en un sitio u otro, hará su estación-mercado. ¿Cuándo será eso? Al negar la relación AVE-soterramiento, Morlán puso el ejemplo de Valladolid, donde la alta velocidad todavía para en la estación antigua. Peor me lo pone, pues si la línea entre Almería y Murcia no estará operativa antes del 2015, al soterramiento puede quedarle una década.
Los políticos podrán mirar a otro lado; pero los ciudadanos, que ya rehusaron un concepto de integración ferroviaria mucho mejor resuelto - lago salado aparte -, sabrán decir no a este engendro. Lo que tengo claro, como miembro fundador de la Plataforma pro Soterramiento y vecino de Ciudad Jardín, es que no daré mi voto a quienes se conformen con perpetuar la barrera que separa nuestros barrios.