
Javier Salvador, teleprensa.es
El PSOE daba ayer en Sevilla el pistoletazo de salida para la batalla de Andalucía. Griñán no quiere sorpresas y con encuestas o sin ellas, le corre prisa ponerse manos a la obra, remodelar la ejecutiva regional, el propio gobierno de la Junta y presentar una cara más dinámica y renovada para la hora de la verdad. Andalucía se va a saltar a la torera ese mandato madrileño de no mover un solo papel hasta que finalice la presidencia europea española, pero en Madrid saben que si Andalucía se cae ellos no se sostienen.
Junto a la decisión de adelantar el congreso regional de los socialistas, también está el más que posible adelanto del otro pistoletazo de salida, el de los candidatos para las municipales, ya que en algunas provincia, como Almería, se trata de personajes nuevos en la política, como Antonio Cantón, pero de enorme proyección social por sus carreras profesionales.
El adelanto es, sin duda, una estrategia arriesgada, pero también dura pues el PSOE tratará de poner ante el electorado una cara renovada, con gente diferente, más de la cuerda de los tecnócratas, personas con capacidad de gestión que se distancia de ese cargo político que accedía al poder por su trayectoria en el partido.
En las filas de enfrente, en el PP, el golpe de timón del PSOE les pilla mal posicionados para maniobrar, ya que no habrá cambios.
Arenas se ha trabajado en Madrid su tranquilidad en Andalucía, sumando poder para que no le muevan la silla. No hay renovación en las provincias, en las listas, no hay nada nuevo que ofrecer y necesita pasar rápido por las convocatorias electorales para que las fisuras internas, como Democracia y Libertad, no le obliguen a pactar posicionamientos de los que quiere escapar. Si todo le sale mal, el propio barullo que se montará su Rajoy no llega a Moncloa y con Aguirre, Camps y otros imponiendo su ley, Andalucía será para Madrid el menor de sus problemas.
La pérdida de Andalucía para el PSOE sería una catástrofe histórica, pero que Arenas no gane a Griñán puede obligarle al retiro total si no ancla sus posiciones en Madrid. Vivir con un ojo puesto en la capital del reino y la mejor de sus sonrisas en Sevilla, le está debilitando fuertemente y las encuestas, aunque le dan ganador, no le otorgan un margen cómodo que se sostenga cuando escampe la crisis y, mucho menos, suficiente para gobernar porque IU no pactaría en este mundo con el PP.
La pregunta es ¿qué será capaz de hacer Griñán?
Por el momento se sabe muy poco de él, sólo que parece tener las ideas muy claras respecto a esa especie de Andalucia 2.0 que quiere poner en marcha. Parece que consejeros como el de Innovación, el almeriense Martín Soler, están dentro de ese nuevo proyecto pero esta vez se habla de méritos propios y no de cuota de partido, es decir, uno de Almería, dos de Sevilla, otros tantos de Málaga, que no se olvide Cádiz y así hasta cubrir todo el territorio andaluz.
Ahora bien, el problema que tiene Griñán es vender como nuevo un proyecto que ya funciona desde hace treinta años. Chaves, lo quieran o no, tenía el cariño de los andaluces, pero el actual presidente se lo tiene aún que ganar.
Dicen que es un hombre de mensaje, que cree lo que dice y está convencido de que puede liderar ese reseteo hacia un nuevo horizonte.
Lo que está claro es que tiene mando en plaza porque ayer por la mañana en Sevilla se tomaban las decisiones, se convocaba el congreso, y unas horas después en Almería, la ejecutiva provincial hacía lo propio y citaba a sus afiliados en Huércal Overa para elegir a los compromisarios que deben nombrar a Griñán secretario general por aclamación.
Podríamos decir que empieza el baile, pero no, esta vez lo que comienza es un verdadera campaña campal y el escenario es Andalucía.