
Javier Salvador, teleprensa.es
Ayer no hubo tertulia en Canal Almería y eso me dejó un miércoles por la tarde libre para poder solucionar temas caseros, que es lo que solemos hacer cuando no queremos ni mirar la carpeta de tareas pendientes. Así que decidí que era el momento de darle una alegría a mi mujer y a mis hijos y solucionar, de una vez por todas, el problema que tenemos con el teléfono de casa, que debe ser de secano porque cada vez que llueve se tira dos semanas sin funcionar y como amenazaba lluvia en la capital me dije a mi mismo ¡Esta vez no me pillan!
Lo primero que tengo que admitir es que no me gustan los centros de llamadas por muy tecnológicos que sean y mucho empleo que generen, pero son necesarios y ayudan a las empresas a ahorrar coste, en teoría, como es pura teoría que están para dar un servicio ágil y de calidad. Llamé ayer porque ya se me había pasado el cabreo con Orange, con quien llevo batallando casi un mes para renovar una Blackberry averiada y pese a tener puntos de sobra para ello y estar dispuesto a firmar por otros 18 meses de mili con ellos, no hay forma de conseguirlo, nunca tienen stock ¿Por qué no se podrán cambiar los puntos de una compañía a otra?
Pero toca hablar de Ono.
Como me conozco la película y aún no había escrito la bitácora de hoy llamé desde el teléfono de casa que el lunes, al recibir una llamada, descubrimos que volvía a funcionar. Con mucho ruido, pero a gritos se escucha algo y, además, esa incomodidad hace que las conversaciones sean más cortas y así te dejan ver el telediario casi entero.
Total, que me decido y llamo al 902 929 000 a las 18:45:03. Musiquita y un mensaje que te dice que expliques el motivo de tu llamada. Contesto que “avería” y me ponen musiquita otra vez, un solo de guitarra que durante los primeros quince minutos es agradable. De vez en cuando sale un mensaje que te pregunta si conoces el servicio de vídeo club de Ono para que te apuntes. Ni caso.
Escuchas más musiquita y un nuevo mensaje que te dice que todos los técnicos están ocupados y que el tiempo espera es de dos minutos, así que no cuelgas y esperas.
18:52, 53, 54 y aparece un nuevo mensaje antes de escuchar por cuarta vez el consejo de apuntarme al vídeo club de Ono, y en esta ocasión me dice que permanezca a la espera, que en veinte segundos un operador atenderá mi llamada. Claro que este mensaje lo escucho unas cuantas veces, cada veinte segundos, hasta que un tal David me coge el teléfono pasados un par de minutos más.
Le explico, después de dar nombre, dni y confirmar que soy el que llama, que mi teléfono no funciona cada que llueve, que me quedo sin línea y que mis amigos no me pueden llamar porque da señal de comunicando y cuando descuelgo sólo escucho un “crahskkkkk” uniforme e interminable.
El muy mamón dice que me entiende y que me pasa con el departamento adecuado. Automáticamente un mensaje que me dice que me transfieren al departamento de facturación y el jodido anuncio del vídeo club de Ono ¿Pero si dice que me entiende, por qué no me pasa con averías?
Otra vez el mensaje de los técnicos ocupados y que el tiempo de respuesta es de dos minutos y así hasta que me coge un tal José, me pide el nombre otra vez y me dice que me transfiere al departamento adecuado, por segunda vez, después de explicarle que mi problema no es de facturación y responderme él que de averías no sabe nada.
Y no se lo pierdan, vuelvo a las esperas y ¿adivinan? El anuncio del vídeo club de Ono otra vez. Sí, lo prometo.
Pasadas las siete de la tarde me cambio el teléfono de oreja porque el calentón es de escándalo y al poco me atiende un tipo que aseguraría que era el primero de todos con la voz más ronca y de manera fingida.
Total, vuelta a dar nombre, dni, teléfono del que llamo, le cuento el problema, que cuando llueve se va la línea y me dice el tío listo ¿Pero su teléfono funciona ahora?
¡Pues claro chaval si aún no ha empezado a llover!
Total me pide que aguarde un momento, me pone en espera otros minutitos, más música, y regresa a la conversación para decirme que no puede hacer nada, que les llame cuando el teléfono esté averiado. Me hago el loco y le pregunto ¿cómo lo hago si tengo el teléfono averiado? ¡Pues desde el móvil señor!, me responde el operador y me recuerda mi número por si se me ha olvidado. Lo que no recuerda este chico es que desde el móvil también pago yo la llamada.
Pasan de las siete y diez de la tarde, estoy dispuesto a tirar la toalla cuando me acuerdo de una amiga de Consumo que me dice eso de que pida siempre el número de la incidencia. Total que antes de despedirme le pido la referencia de marras y, para colmo, me ponen en espera y esta vez un buen rato. En esos momentos estoy hasta los huevos de la música, el vídeo club y del que inventó el teléfono, hasta que se vuelve a poner mi amigo he dibujado tres barcos, dos aviones y 1.500 marines desembarcando en Onostán para arrasarlo todo. El chico regresa por fin y me informa de que el número de la incidencia es el 64135039 y que la llamada me ha salido por “sólo” 45 céntimos de euro.
He perdido casi media hora, me duele la oreja y hoy, que llueve a mares en Almería no tengo teléfono en casa. Para muchos puede ser algo genial, porque así no te llama la suegra, pero resulta que la mía molesta muy poco y, además, yo la quiero un montón.
Lo que no entiendo es que pagando lo que pagamos mes a mes cada uno de nosotros, seamos rehenes de unas empresas a las que les importa un carajo lo que nos pase porque saben que, al fin y al cabo, son un servicio tan básico como el agua en esta sociedad que estamos creando y, además, se pasan por el forro toda advertencia de la administración o queja del usuario.
Por cierto, no pienso apuntarme al vídeo club de Ono y es más, propongo dejarnos de apagones solidarios con el medio ambiente y organizar una huelga de consumidores de teléfonos, un día, un par de horas, sin que nadie llame a nadie, para ver si con lo que pierdan entran en razón.