
Ana Bisignani, escritora
Aquí, últimamente, se habla cada vez más por diferentes razones de los festejos del Bicentenario. Se trata, como se desarrollará más adelante, del festejo de los 200 años de la Semana de Mayo cuando se fijó el inicio de la independencia.
En esa fecha el rey de España, Felipe VII, fue objeto de una maniobra política por parte de los rebeldes que querían independizarse de España en Buenos Aires que, por esos días, era la capital del Virreinato del Río de la Plata.
Fernando VII había sido derrocado y, en su lugar, gobernaba José Bonaparte. Los revolucionarios, aprovechando esta circunstancia, juraron fidelidad al rey y sólo a él, desconociendo a Bonaparte. De esa forma, sabiendo que aquél no estaba en el poder, esa actitud de aparente lealtad se dio en llamar “La máscara de Fernando VII”.
Como consecuencia fue destituido el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y reemplazado por la Primera Junta. La Semana de Mayo dio inicio al desarrollo del Estado Argentino aún sin haberse declarado la independencia formal que fue recién en 1816.
El diario La Nación de Argentina tituló el 30 de Enero de 2010, en Enfoques:
Argentina 2010: el país del Bicentenario
Un estudio realizado por la UCES pronostica para el próximo lustro importantes mejoras en el funcionamiento de la economía real, pero en un contexto signado por un mayor deterioro de las instituciones, agravamiento de la violencia y retrocesos en materia de salud y educación
Más adelante, la nota firmada por Lorena Oliva, continúa:
Llena de buenas intenciones, pero vacía de logros: así será la Argentina del Bicentenario.
Según un estudio reciente, las principales asignaturas pendientes de nuestro país no dejarán de serlo en los próximos cinco años.
La conclusión surge de "Argentina 2010", un estudio prospectivo realizado por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), con el soporte de Escenarios y Estrategia (red especializada en este tipo de estudios), que proyecta un panorama bastante sombrío para los próximos años.
Y agrega Oliva para finalizar:
A criterio del legislador (se refiere a Rodolfo Terragno), al Gobierno no le genera ningún tipo de preocupación la cercanía del Bicentenario. "A medida que se acerque la fecha, habrá actos, libros, exposiciones, placas y discursos. Pero nada más. Pompa y circunstancia; ni ideas, ni planeamiento."
Al releer el comienzo de esta nota y luego el comentario de la periodista referido al estudio hecho por la UCES (Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales) salta a la vista que, en aquellos tiempos, la programación política fue un ardid, oportunamente utilizado, que destinó el camino hacia la libertad y, en cambio, en la actualidad, la falta de programación es una constante negativa en el camino diario.
Y me pregunto cómo cambiamos tanto.
Debido a que no soy una especialista en política, no me extenderé en el análisis que amerita esta cuestión. Sólo soy una escritora que busca transmitir sentimientos. Entonces, mi contribución para estos festejos está contemplada en dos libros que tienen mucho que ver con el espíritu de este acontecimiento. Tengo la ilusión de que a raíz de esta Conmemoración se editen a tiempo en Argentina y/o España (países ligados en este acontecer), dos de mis libros infanto/juveniles. Tienen como principal intención dar a conocer lo más puro y sensitivo de las culturas originarias, donde se suman variadas aventuras sin batallas sangrientas pero sí enriquecidas con relaciones pedagógicas sutiles aunque determinantes. La trama está desarrollada en una época muy anterior al descubrimiento de América, cosa que evita todo tipo de fricciones innecesarias, como realmente lo siento. La naturaleza, “humanizada y mágica”, genera por sí misma situaciones intrigantes.
Como hablara recientemente con un especialista en el tema, coincidimos en que sería un interesante símbolo para acordar sin ningún tipo de animosidad el festejo del Bicentenario. La Saga de Ghúlmen es el libro aludido (de un total de cuatro volúmenes) que atesora los valores necesarios para tratar con la consideración debida: la tierra, los animales, los vegetales y al ser humano mismo. Y está previsto para ese grupo etario porque entiendo que la educación del respeto debe ser el basamento de las generaciones futuras. Algo relacionado con este contenido, pero mucho más completo, le he oído decir al Juez granadino Emilio Calatayud Pérez, por quien tengo una gran admiración.
Creo profundamente en estas porfías que tratan de mejorar la condición humana, motivo suficiente para cualquier celebración.
Ana Bisignani Campos
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