
Javier Salvador, teleprensa.es
Podemos seguir llorando. Creer incluso que las cosas nos van mal porque es la tónica general, porque las administraciones, todas y gobierne quien gobierne, gastan demasiado para el valor que se percibe de sus servicios. Podemos encontrar el culpable en la bolsa y ésta en las decisiones del Gobierno, pero la realidad es tan cercana, tan próxima a cada uno de los individuos que nos da miedo mirarla de frente.
A España le falta credibilidad y ése es quizás el gran escollo de nuestra imagen exterior, pero el problema no viene de unos pocos, sino del día a día que construimos entre todos. Ayer entendí por qué la gente no cree en nada, al menos la de Almería, y eso hace que la idea de colectividad, de conjunto, se desvanezca como una bruma matutina en zona de costa.
Si es cierto que la unión hace la fuerza, aquí cada uno va por su lado.
Ayer fuimos testigos de la bajeza de algunos políticos, de lo que se puede llegar a marear al ciudadano y cómo se agrava esa indiferencia dependiendo del nivel de ingresos de las víctimas, los ciudadanos.
La Junta de Andalucía quiere hacer un centro de salud en un barrio obrero, humilde, de rentas bajas, donde los servicios sociales mantienen servicios casi las 24 horas para que no se les desmorone lo poco o mucho que se ha conseguido a base de inyectar dinero público. Cuando se quiere hacer una mejora de este tipo el trato entre administración autonómica y local es que unos ponen el suelo, el solar, y los otros la pasta, es decir que lo construyen, equipan y dotan de personal para que atienda a esa población.
El Ayuntamiento de Almería, como primera respuesta a ese interés de la Junta dijo que a ellos nunca les habían solicitado ese solar, que no mintiesen a los vecinos y mucho menos tan cerca de las elecciones.
La primera reacción de la delegación de Salud, promotora del proyecto, fue mostrar el escrito con el que solicitaron hace un año ese solar. Acto seguido el Ayuntamiento responde que bueno, que sí hay constancia de esa solicitud, pero que no aparece y que eso provocó su silencio. Unas horas después el Ayuntamiento cambia de rumbo y manda otro escrito más, uno en el que contesta a Salud en el mes de Abril del año pasado diciendo que no tiene un solar de 1.000 metros para ese centro de Salud. No proponen alternativa ni nada, sólo que no hay suelo. Ahora bien, para un parador nacional si están dispuestos a poner La Alcazaba, la Escuela de Artes o el Cuartel de la Misericordia. Ninguno es suyo.
Quién mintió a los vecinos de El Quemadero, la Junta que dice que lleva esperando un año un solar o el Ayuntamiento de Almería que dice primero que no lo pidieron, luego que no encuentran el papel y al final que ya contestaron hace un año que no tienen suelo. Y ojo, hablamos de un Ayuntamiento del PP que quiere que la deuda histórica con Andalucía se cobre en dinero y no solares, bienes de suelo que puede intercambiar con promotoras o pequeños propietarios.
El problema no es el rifirrafe político, sino que miles de vecinos de una barriada humilde se quedan sin centro de salud mientras en las calles del centro de la capital, el Plan E ha servido para arreglar vías y plazas que no eran, ni mucho menos, las que peor estaban en la ciudad.
¿Hablamos de cambios de opinión respecto a la jubilación de los trabajadores a los 67, de solares en Almería o de qué estamos hablando? Creo que el problema no es un gobierno que se equivoca en no afrontar las impopulares necesidades reales de la reactivación, creo que el problema está en el conjunto, en que no hay idea de estado, de comunidad, reglas de juego suficientes para que se siga un único camino y no trescientos a la vez. Creo que en vez de generar unas administraciones que ayuden al ciudadano, hemos generado unos monstruos que engullen los recursos de los ciudadanos y, además, están dirigidos por populistas a los que sólo importa revalidar sus puestos cada cuatro años.
Y hay de todo, buenos y malos, pero los buenos tardan demasiado en decir eso de hasta aquí hemos llegado.
Y por todo ello nadie confía en nada, los políticos se han convertido en una preocupación y no en una esperanza, nadie cree en ellos porque nadie sabe la verdad de nada y si no hay verdad, no hay recuperación.