Por una cultura emancipadora

Por una cultura emancipadora

Esther Herguedas, IU
El pasado día 10 de febrero asistí en el nuevo auditorio de Algezares a la obra teatral que, con el título Homenaje al poeta del pueblo Miguel Hernández, representó el Grupo Olea dirigido por Manuel de Reyes. El acto estaba organizado por la Asociación de Vecinos y el Centro de la mujer Victoria Kent de Algezares, que recordaron ante todos los presentes cómo esa nueva instalación era el resultado de muchos años de reivindicaciones y luchas ciudadanas. La obra me sorprendió muy gratamente por la intensa carga emocional que transmitía el montaje coral, en el que el pueblo hacía suyas las palabras del poeta, ya fuera leyendo sus cartas, recitando o cantando sus poemas y combinando la acción con la música en directo. Y digo hacía suyas porque creo que la gran virtud de esta puesta en escena tan sencilla como efectiva estaba en buscar y aprovechar lo mejor de cada una de las personas que conformaban ese grupo teatral de vecinos, diversos en edades, formación y capacidades, y utilizarlo en el montaje. He de decir que además tuve una percepción que hacía tiempo no sentía, la de la recuperación de la cultura que en manos del pueblo se convierte en agente de realización personal, cambio, emancipación y transformación social. Tradicionalmente, las gentes de izquierda hemos considerado la cultura como un instrumento fundamental en toda sociedad democrática para la creación de una ciudadanía libre y responsable, sobre todo cuando a ésta ciudadanía se le hurtan cada vez más los instrumentos críticos necesarios para comprender los acontecimientos de su propia época y para intervenir activamente en ellos. Por eso la cultura siempre ha tenido un carácter estratégico entre nuestras políticas públicas. El desarrollo de la identidad cultural de la ciudadanía contribuye a fomentar los valores de convivencia, participación, cohesión y solidaridad. Sin embargo, a la actual sociedad de consumo no le interesa crear ciudadanos críticos y por eso, frente al concepto de cultura como emancipación fomenta el concepto de cultura como espectáculo, reduciendo a la ciudadanía a meros espectadores pasivos, al tiempo que crea una falsa ilusión cultural combinando el esnobismo con la provocación, por supuesto dentro de un orden. Esto que en esta región ahora se llama “cool”, (en mis tiempos se decía “pija”) para nada contribuye a mejorar el nivel cultural de la ciudadanía ni su calidad de vida. Junto a este modelo se sigue explotando la fórmula populista del “chipirripirrín” que tantas compensaciones da a nivel electoral. Desengáñense ustedes: en Murcia, la sociedad organizada no está mayoritariamente en las Asociaciones de Vecinos, ciudadanas, ONG's o partidos políticos, sino en torno a peñas, agrupaciones festeras y clubes deportivos. La derecha lo sabe y a falta de otros elementos identitarios de mayor arraigo, ha desvirtuado el concepto de tradición y se ha quedado con los elementos más costumbristas y populistas al tiempo que sostiene económicamente las fiestas, ágapes, verbenas, desfiles y festejos diversos. El presupuesto municipal de este año de crisis y elecciones muestra a las claras los intereses de la política cultural de Murcia. Los festejos populares no se tocan, pero el presupuesto de cultura sufre un importante recorte. Las buenas intenciones que acompañaron a la separación de las concejalías de cultura y festejos con que se inició la legislatura se han saldado con un recorte de competencias que han reducido la cultura a la mínima expresión: el 0.94% del presupuesto. En este contexto, a nadie extraña que nuestra propuesta para competir por la capitalidad cultural europea en 2016 haya quedado reducida a una pancarta que ha pendido algunos meses del edificio del Ayuntamiento. Nuestro proyecto era tan pobre e improvisado que el equipo de gobierno si siquiera se ha atrevido a recurrir al consabido victimismo para justificar nuestra exclusión desde el primer momento. La imagen del Romea que cumple ahora cuarenta meses cerrado bien puede considerarse el paradigma de una política cultural del municipio caracterizada por la improvisación, la falta de iniciativas y el provincianismo. Cuarenta meses de cierre teatral, pero también cuarenta meses de vergüenza cultural que justifican que el día 16 de febrero participemos en la concentración que convoca en el lugar el Foro Ciudadano y en la que también estarán personas relevantes de la cultura como Paco Torres que leerá el manifiesto, cantautores y grupos de teatro como el Edmundo Chacour que en su nombre lleva la esencia misma del espíritu de este arte al servicio del pueblo.
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