Martes, 16 de Marzo 2010

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Elecciones a la Cámara

09-02-2010 10:01
Esta vez el baile va a ser distinto. Durante muchos años nadie quería hacerse cargo de las cámaras de comercio porque se las veía como algo ajeno, sin sentido y para el empresario que paga vía impuesto su mantenimiento no era o es más que algo puramente impositivo. No conozco muy bien el curso de las cámaras andaluzas, pero sí los procesos en Almería, donde un lobby empresarial que decidió tirar del carro se propuso sacar de ese ninguneo a una institución que podía valer para conseguir algunas reivindicaciones en infraestructuras.

Así, tras una edad oscura llegó un poco de luz con José Antonio Picón, una edad de esplendor con Francisco Martínez Cosentino, sí el de Silestone, que comenzaba cada rueda de prensa o comparecencia pública recordando el nivel de las reservas de agua en ese preciso instante, recordando a las administraciones de manera machacona que Almería necesitaba agua, y tras él llegó la etapa de asentamiento y consolidación de ese estilo con José Antonio Flores, empresario del motor procedente de Vera.

No valoraré, por ahora, la etapa de Diego Martínez Cano por respeto a todos los que comienzan este proceso electoral, ya que después de todo fuimos compañeros en un instituto de empresa y hasta amigos. A su primer contrincante oficial no le conozco personalmente y el tercero es sólo un rumor hasta que no se dé a conocer oficialmente.

Me consta que tanto a Picón, Cosentino como a Flores, su paso por la Cámara les costó dinero de su bolsillo, pero los tres eran empresarios muy asentados y llegados a una madurez empresarial en la que hacer de mentor temprano valía su peso en oro para la provincia porque se trataba de empresarios de éxito consolidado.
También es cierto que lucharon solos y con una maquinaria administrativa obsoleta, que chirriaba con cada movimiento, pero cumplieron la función de hacer de la Cámara una entidad reivindicativa.

Quizás el problema de la institución esté siempre en el mismo tejado, en el suyo propio, porque el nivel de conocimiento sobre sus posibilidades funcionales para la empresa, para sus electores, es terriblemente elemental, tan básico que a día de hoy muy pocos saben si pueden ir a votar y cómo hacerlo.
Quizás ése sea el principal reproche que habría que hacerle, pero es un mal heredado.

La Ley 3/1993 establece que las Cámaras son órganos de asesoramiento de las Administraciones Públicas y que entre sus funciones está la de proponer cuantas reformas o medidas crean necesarias o convenientes para el fomento del comercio, industria y la navegación. Se supone, según el enunciado que las define, que las Cámaras de Comercio disponen de un amplio y profundo conocimiento en aspectos clave para la mejora de la competitividad, a través de la ejecución de programas, la prestación de servicios y su cercanía a las empresas. Aquí si hay que reconocer que sus edificios están siempre en el centro de las capitales y eso puede valer como cercanía.

Por todo ello el objetivo fundamental es que las Cámaras realicen una labor consultiva pasiva, por un lado y a petición de las Administraciones Públicas y activa, por otro, dirigidas a lograr ser la voz de las empresas ante la opinión pública y de defensa de los intereses generales de las empresas ante las Administraciones Públicas.

Pero hace mucho que no se les ve partirse la cara por nadie.
Y me van a perdonar, pero esas condiciones no se dan en estos momentos porque, repito, apenas nadie sabe si puede votar o cómo tiene que hacerlo.
Las cámaras se han convertido en el objeto de deseo de los grupos de poder y se ha perdido ese impulso inicial de luchar por las grandes o pequeñas infraestructuras básicas pero de común rentabilidad para todos. En cambio se han lanzado a una guerra de supuesta creatividad que al final han llevado a un escenario en el que se han empezado mil historias pero no se ha escrito el final de ninguna. Dicho de otra manera, una especie de situación fantasma.

Las cámaras deben ser independientes y flaco favor hace una asociación empresarial perteneciente a la Confederación Española de Organizaciones Empresariales dando apoyos a nadie cuando nadie ha sabido, desde dentro, levantar la voz para largar a Díaz Ferrán tras el escándalo de Air Comet. Ellos están desacreditados, pero no deben desacreditar ese resquicio de esperanza que queda y que pueden ser las cámaras.

Si es la hora de que repita el actual presidente, entre uno del campo, un empresario de sectores emergentes o por primera vez una mujer, será el proceso electoral quien lo decida, pero las cámaras no serán cámaras según esa Ley 3/1993 hasta que no sean los carniceros, panaderos, constructores, pescadores, industriales o agricultores quienes realmente decidan quién debe ser el presidente.

Y a día de hoy no sucede así.
Pero seguiremos hablando del proceso y sus candidatos.
Comentarios:
FRANCISCO A. dice:
Leída ésta Bitácora de hoy: “Elecciones a la Cámara”, Javier, me lleva hacer la siguiente reflexión, mejorada o rectificada por otras. Las Cámaras, institución social, por Ley colaboradoras con la Administraciones públicas para la consecución de objetivos económicos y sociales, se constituyen así en fuente de poder para la defensa de los legítimos intereses que regulados por la Administración pública de forma justa y equitativa, hacen posible el progreso social. Fuente de poder social que deben velar por su independencia de los Partidos políticos, ampliar su base de representación que fortalece su legitimidad y con personas honestas y realistas, le harán ser una institución fuerte y consistente, capaz de salir de cualquier situación adversa, frente a la debilidad –hoy- de la clase política -existiendo sus excepciones- como agente de la situación social.
 
 
 
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