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El Ferrari del mármol

10-02-2010 09:32
Javier Salvador, teleprensa.es
Fernando Alonso puede ser el tipo más deseado por cualquier ciudad española para tenerle paseando un día por sus calles o hacerse la foto con él firmando en el libro de honor de la ciudad. A cualquier político le encantaría esa imagen cercana al astro del motor y cualquier otro patrocinador condicionaría su firma a un acto del recopitín con el piloto para darse un baño de ego, pero no ha sido así.

Fernando Alonso no ha estado en Almería, sino en Cantoria. Allí ha visitado a su patrocinador, Silestone, y lo más que le han pedido es que se de una vuelta por la fábrica, que salude a sus empleados y que comparta con ellos un rato en un salón de actos que ya lo quisieran algunos auditorios públicos. Pero no. Está allí, en Cantoria.

Es allí donde se hace el Ferrari de los mármoles, de la piedra, el producto andaluz que mejor representa aquello que decía Oscar Wilde sobre que el progreso es la realización de las utopías. Sí, nadie podía imaginar que un día cualquiera, uno de los personajes más buscados del mundo en estos momentos apareciese en Cantoria para pasear con su amigo Paco, Paco Martínez Cosentino y sus hermanos. Pero un rato, que luego hay que volver a trabajar.

Y quizás hoy es el día en el que todos podemos aprender una lección, una de las buenas, de esas que sirven para construir, para agachar la cabeza, moverla de derecha a izquierda un par de veces, con resignación y decirnos aquello de ¡Qué ciegos estamos!

Silestone, Cosentino, como cualquier otra empresa de igual, menor o mayor volumen, sufre los efectos de esta crisis, más aún cuando durante muchos años el auge en el mundo de la construcción ha sido para ellos una fuente inagotable de trabajo.
Recuerdo que hace un par de años, hablando con uno de ellos sobre la situación económica, no se hablaba de crisis sino de una necesidad imperiosa de hacer cambios en sus procesos para adaptarse a las nuevas condiciones del mercado.

Si les hubiese ido muy mal en esos procesos, les aseguro que no podrían haberse permitido seguir patrocinando a Fernando Alonso, o ser una de las empresas que más apoyan iniciativas de todo tipo y que no tienen nada que ver con el mármol, el Silestone o los cantos rodados ¡Si hasta tienen una beca! Sí, la Eduarda Justo, el nombre de su madre, para que los mejores estudiantes almerienses puedan hacer su master en una de las once mejores universidades del mundo ¡Gratis, que invitan ellos!

No se le conocen eres, crisis internas ni clientes a los que han dejado colgados o en la pista de despegue. No, sólo se habla de una fábrica en Cantoria, un pueblo que está a 94 kilómetros de la capital si tiras por el camino más corto y, encima, la fama se la lleva Macael, pero aún así cada nota de prensa que sale de su empresa, la misma que patrocina a Fernando Alonso, aparece datada con origen en Cantoria.

Alguna vez, con cierto despecho, alguien me dijo que Silestone había salido a flote gracias a las ayudas de la Junta de Andalucía, yo le respondí que igual podríamos hacer otra lectura tendente hacia que Cosentino era uno de los pocos ejemplos de que las ayudas públicas tienen sentido y un claro retorno hacia la colectividad, hacia el ciudadano, cuando se acierta a quien dar el dinero.

Para que me entiendan. Tenemos dos formas de ver este mundo, este hoy, el que nos toca vivir. Una de ellas es tomar ejemplo, intentar emular y ver la realidad con la frialdad que se hace a una hora y diez minutos de la capital. Ser capaces de adaptarnos a lo que hay y no esperar a que las soluciones nos vengan por correo certificado o no las chive el telediario. La otra es la del despipote. El tipo que se baja los pantalones en un pleno para llamar la atención,- también ocurría ayer en Almería-, los que terminan a palos en la puerta de un Ayuntamiento para ver si así sacan un titular más gordo, decir a todo que no, para así parecer más interesantes y hacer creer que tienes un as guardado en la manga y todo ese tipo de cosas que parecen haberse convertido en deporte nacional.

Silestono es el Ferrari de los mármoles. Sí, pero hubo un tiempo en el que nadie creyó en aquel proyecto. Hubo un tiempo en el que no sólo no podían tener a Alonso como imagen, sino que lo único con que contaban era con ellos mismos, como posiblemente usted que me lee y yo que escribo estas líneas ahora mismo. Eran tiempos de crisis, como estos que corren, y salieron adelante con ideas de progreso, creyendo en utopías como la que ayer, en Cantoria, se hizo realidad.

Y por todo ello sólo se pueden decir dos cosas: Felicidades y gracias hermanos Martínez Justo. Y bueno, se puede decir una tercera cosa ¡Viva la madre que los parió!
Comentarios:
FRANCISCO A. dice:
Javier, en ésta Bitácora: “El Ferrari del mármol”, veo, si mis capacidades perceptivas no me engañan, que se hace a los pequeños un poco más grandes –pueblo, trabajadores, empresa familiar,…, ya que no podemos olvidar que son los pequeños los que se hacen y hacen a los grandes; superación, innovación y constancia en el trabajo; confianza y seguridad en la tarea emprendida, individual y colectivamente –motor para el triunfo-; buen uso económico y social de los recursos propios y ayudas;… Creo que han sabido el porqué hacer lo que hacen, clave para una vida de bondad y justicia. FELICIDADES a quienes dan ejemplo de bien hacer y GRACIAS por el ejemplo y a éste medio que permite conocer la realidad en que vivimos y hacer uso de la libertad de expresión en cada una de sus informaciones. ¡Ánimo y que cunda el ejemplo!
 
 
 
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